El Nacional, 29-2-2000

Rafael Osio Cabrices

Témpano se endurece con el ímpetu de la resurrección

Volvieron con El fin de la infancia.

Hace un año se juntaron, luego de más de una década sin verse, y agarraron los instrumentos. Fue como si no hubiera pasado el tiempo. La legendaria formación de 1979, fiel representante de un momento de explosión del rock venezolano que nunca volvió a alcanzar las crestas de entonces, reeditó Atábal Yémal y ahora prosigue el camino con un trabajo aún mejor.
Hace dos meses no tenía nombre. Los cuatro músicos y el manager buscaban un título que también fuera en la oscura lengua esquimal a la que pertenece la nomenclatura Atábal Yémal, el disco anterior. Pero cuando el tema "Rama" evolucionó y se convirtió en una pieza de más de 24 minutos, decidieron bautizarlo "El fin de la infancia" y aprovecharlo además para dar al disco lo que le faltaba.

Así fue como más o menos terminó el alumbramiento de un trabajo que, bien escuchado, obliga a ser serio y responsable y a calificarlo como el mejor disco de rock que se ha hecho en Venezuela en años. Lo es, al menos -y esto nadie puede negarlo- en materia de complejidad instrumental, nivel interpretativo y solidez sonora. No es un disco accesible para quien desconozca el lenguaje del rock progresivo o sinfónico, pero tampoco es una obra oscura que sólo admita a los más altos iniciados; El fin de la infancia, instrumental en un 95 % según cifras de sus autores, tiene momentos para todos los gustos. Hay estallidos, amplias masas de sonido desplazándose como una migración de antílopes y electrizantes solos de guitarra, pero también remansos para reposar de esas alturas, largos espacios que permiten recuperar el aire y explorar con toda calma los abstractos mundos que la música, entonces, plantea a quien la escucha.

Como en los viejos tiempos, como en el brillante y barroco rock progresivo de los setenta, cuando sin la tecnología de hoy las mayores agrupaciones europeas, formadas por músicos de muy alto nivel, hacían literalmente lo que les venía en gana sin que ninguna disquera se atreviera -todavía- a contradecirlas. El Témpano resucitado por Pedro Castillo (guitarra y voz), Miguel Angel Echevarreneta (bajo), Giulio Cesare Della Noce (teclados) y Gerardo Ubieda (batería) se conecta con aquel pasado, al desempolvar viejas composiciones de 1979 y 1980, continuar la labor que había dejado inconclusa con la fractura de su alineación de entonces, y traer a esta era de preeminencia tecnológica y dictadura mercantil una música rica, impredecible y de verdadero sustento espiritual. Hecha por gente que no anda por ahí tatuándose, ni promoviendo el yoga, ni elaborando personajes a partir de ellos mismos.

Compuesto entre todos, sobre un material que reencontraron en viejas cintas (salvo "En la vía", que es reciente) se grabó entre julio y noviembre del 99 en el estudio Sonodosmil de Caracas, con arreglos de la banda, la ingeniería de Germán Landaeta y la producción de Témpano, Landaeta y Alexis Lope-Bello, el manager y contacto con Musea, la fundación francesa que les editó este disco y el anterior.
Y con toda la complacencia del mundo, pues Atábal Yémal es, según Pedro Castillo, es el trabajo latino #12 en ventas en Amazon.com, al lado de cosas como Juan Luis Guerra y Luis Miguel; el más vendido de los de Musea, en Internet; y el sexto más vendido de todo el catálogo del sello-ONG de Francia.

Detrás de la música, de la que no diremos más, de El fin de la infancia, hay un interesante trabajo de diseño gráfico a cargo de María Elena Valdez y Sandro Bassi, y el entusiasmo de una banda que salió a tocar en Brasil y México, y las revistas especializadas de dos continentes les llamaron, una vez, "los mejores instrumentistas del evento", y otra, una excelente sorpresa proveniente de Venezuela.

Huéspedes magiares

A mediados de marzo viene a Venezuela After Crying, la banda húngara de músicos de conservatorios que hoy ocupa con holgura la élite del rock progresivo europeo. Sus miembros, viejos amigos de Témpano (su cellista colaboró en El fin de la infancia), darán algunas clínicas y tal vez hagan algo con una orquesta sinfónica. Lo que sí es cierto es que darán un concierto junto a Témpano, el 16 de marzo, en el auditorio del colegio Emil Friedman, en Los Campitos. No sólo es la ocasión de ver en vivo a Témpano, para quienes no los vieron en la antesala a Yes; también es un buen día para hacer contacto con un grupo precedido por muy buena fama. Las entradas se conseguirán en Esperanto.

Para mayor información del concierto puede dirigirse a http://musicven.com/ac/

 

http://www.el-nacional.com/eln29022000/f-pb10s2.htm

Rafael Osio Cabrices también escribió una reseña de Atabal-Yemal publicada en El Nacional en noviembre de 1998